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martes, mayo 14, 2013

Monstruos

Monstruos

- Papá léeme un cuento para dormir, porfaaaa - dijo Elenita
- Pero si ya te los sabes todos, conoces todos los cuentos del mundo - replicó amablemente Luis, además ya sabes leer, puedes elegir tus propios cuentos
- Pero si no me lees un cuento los monstruos del armario de la ropa vendrán esta noche.
- No hay monstruos en el armario de la ropa, sólo los abrigos para el invierno.
- Porfaaa.
- De acuerdo, pero tienes que estar muy atenta porque es un cuento especial, cuando se cuenta una vez no te lo pueden volver a contar y si se te olvida no se lo podrás contar a tus hijos.
- Yo no voy a tener hijos, nunca, y no quiero que se parezcan al canijo ese -dijo señalando a su hermano- siempre hace ruido.
Y es que Elena era una niña muy buena, una aventurera de los libros que ya sabía leer y a sus ocho años y medio se quedaba quieta con sus libros mientras sus amigos eran como los hunos arrasando los salones de sus madres y las figuritas regaladas por las abuelas.
- El cuento comienza hace muchos mucho años, con una niña que le tenía miedo al armario, esa niña era tu tata-tara-tata-requete-
tatarabuela
- alaaaaa
- y era muy especial pues inventó un hechizo para derrotar a los monstruos del armario.
Luis siguió contándole la historia hasta que Elenita se quedó dormida, abrazada a su oso de peluche.
La noche siguiente Elenita volvió a decir "papá, léeme un cuento"
- Ayer te conté el último que me sabía
- ¡¡Pero me dormí antes de que acabase!!
- Lo sé cariño, pero te conté el secreto mientras dormías, el secreto que ha pasado de generación en generación y ahora son los monstruos del armario los que tienen miedo de ti, tú nunca más le tendrás miedo a nada, como tu padre que no tiene miedo de nada.
- ¿Ni siquiera a hacienda? - dijo Elenita.

La sorpresa cruzó la cara de Luis, un extraño cosquilleo le acompañó - ¿quién te ha hablado de hacienda? - dijo 
Luis, aún sin creer la pregunta de su hija.
- El otro día te oí hablar con el tío Andrés, le dijiste que en este mundo sólo hay que temer la muerte y hacienda,  sobre todo a Hacienda.
Una leve sonrisa cruzó la cara de Luis mientras respondía -eso fue una broma con tu tío, Hacienda es cosa de mayores y los mayores que son buenos como tu padre no tenemos miedo de ella.
- ¿Y el cuento? - preguntó inquisitiva
- ¿Por qué no me lees uno tu a mí? Eres ya una niña mayor, casi una mujer y a los padres también nos gusta que nos lean cuentos. Coge a tu osito Bob y léeme un cuento.
- ¡Papa! - dijo entre risas - ¡te he dicho mil veces que el osito se llama Teddy! como el de Mr. Bean, ¡¡Bob es la esponja!!
- Ves como tienes muchas cosas que contarme.
Así esa noche fue Elenita quien le leyó un cuento a su padre y poco a poco fue quedándose dormía.

Luis volvió a su habitación y besó a María, su mujer, contándole la ocurrencia de su hija. Ahora les tocaba a ellos dormir un poco.

Fueron pasando los días y como a Elenita le gustaba tanto leer se convirtió en una costumbre que ahora ella leyera los cuentos, a su padre, incluso a su hermano que disfrutaba mucho con las historias de los peces que hablaban.

Un día Luis no se podía dormir, el trabajo no iba bien del todo y algunas cosas le preocupaban. Tuvo una pesadilla. Y despertó en la oscuridad, de repente lo vio allí, el inspector de hacienda, estaba en su misma habitación, observándole. Luis estaba aterrorizado, no sabía qué hacer, la tensión crecía porque el inspector no decía nada, sólo observaba con muy suave respiración. Luis no hacía más que pensar, intentar recordar, pagaba sus impuestos, hacía la declaración bien, su pequeña empresa estaba al día ¿quién era ese loco que había irrumpido en su casa? 
Reunión todas sus fuerzas, buscó el interruptor y encendió la luz, pero al volver la cabeza el inspector ya no estaba allí. Tan sólo estaba el armario de la ropa, se había dejado una puerta abierta y una camisa blanca le había confundido. Aliviado miró a su mujer, que aún dormía, se levantó, cerró la puerta y volvió a dormir recordando que a él también le contó su madre una vez el secreto para no tener miedo.

Durmió tan bien como su hija de ocho años y medio y cuando ella se lo pidió un día el volvió a leerle un cuento y a recordarle que no debía tenerle miedo a nada, ni siquiera a hacienda.
 
J!T

viernes, mayo 20, 2011

Vieja amiga

Ayer recibí una carta.

No fue un email, no fue por correo, fue una carta en mano. Llamaron a la puerta y me encontré con una batidora, no mi batidora aunque me resultaba vagamente familiar.

La invité a pasar y se presentó, "Soy Claudia, no me conoces pero yo a ti si, vengo de parte de Luisa, tu antigua batidora, me ha pedido que te entregué esta carta"

Aparté unos libros y la invité a sentarse en el salón, mientras yo abría el sobre, lacrado -una chica con estilo, pensé sin percatarme que Claudia traía equipaje.

"Querido Juan" empezaba la misiva

"Como habrás podido darte cuenta he dejado la cocina, no me busques más, me he ido. Siento no haberte dejado una nota pero recientemente ha habido momentos muy duros para mí y he tenido que buscar nuevos aires, corrientes que me hagan volver a sentir la vida.

Probablemente no lo sepas y no te culpo por ello, eres un hombre ocupado, no me quejo, siempre me trataste bien. Estaba enamorada del frigorífico, perdidamente enamorada, disfrutaba de cada rato que me dejabas a su lado mientras cocinabas en la sartén. Pero el frigorífico no me correspondía, me veía como una amiga a la que le contaba sus penas de amor (¡menuda desazón la mía, no podía decirle nada!), hasta que por fin se decidió a regalarle la secadora a la lavadora y comenzaron una bonita historia. Yo quedaba desplazada, agradezco mil y una veces tus cuidados pero así no podía vivir.

Intenté olvidar al frigorífico, cuando él y la lavadora tuvieron su primer retoño, la panificadora, creí morir. El horno fue muy amable conmigo y pensé que me haría olvidar, pero en mi fuero interno sabía que no era posible.

Ahora ya no puedo aguantar más, van a tener otro vástago -la nueva freidora sin aceite- y la lavadora está en avanzado estado.

No pude más, me despedí brevemente de todos e inicié mi viaje.

No, no preguntes dónde estoy ni cuando voy a regresar, ni yo misma lo sé porque necesito este viaje de autodescubrimiento, ya no me vale con revolucionarme a máxima potencia, tengo que encontrar mi ajuste, no se si me entiendes"

Si yo fuera un hombre de llorar, lloraría en este momento, pero sólo se me escapó un suspiro que acompañó con un pequeño respingo de Claudia. La carta concluía:

"Gracias por todo este tiempo, sólo me queda pedirte un último favor. La batidora que te ha entregado esta carta es mi prima Claudia, es una batidora joven, enérgica y está buscando trabajo. Si tienes a bien acogerla no te decepcionará, su madre -mi hermana- era mucho mejor batidora que yo y esta apunta maneras. Mis mejores deseos"

Después de leer esto dirigí mi mirada a Claudia, no era como en las películas la típica joven de pueblo que llega asustada a la ciudad, vi en ella fuerza y ganas de trabajar aunque también cierta necesidad de protección.

¿Sabes lo que dice la carta? - le pregunté.

Sólo el final, ella cree que podrías tener trabajo para mi - respondió con un ligero temblor en la voz

Cierto -dije- me ha dado buenas referencias tuyas y, si te interesa, puedes quedarte, el domingo tengo una comida hay que ponerse manos a la obra.

Y vi como la sonrisa aparecía en su cara mientras guardaba sus bártulos: accesorio picador, batidor de huevos, vasos medidores...

El Otro

martes, abril 05, 2011

El invitado

- Buenas tardes
- Buenas tardes
- Venía a por el pedido de John
- Espere un momento - el dependiente se da la vuelta, pausadamente y mira un segundo en la cámara frigorífica - lo siento, no ha podido ser, no nos queda.
- Esta mañana me aseguraron que estaba reservado
- Vaya pues habrá sido un error porque ahora no queda
- Desearía hablar con el encargado
- Y yo con la reina de Inglaterra, jajaja
- Quizá su cabeza lo haga
- ¿Qué ha dicho?!
- En-car-ga-do, ¿ donde está el en-car-ga-do?
- Váyase de mi tienda
- No es su tienda ¿y el dueño?
- No está

Unos pasos salen de la parte trasera

- ¿Deseaba hablar conmigo?
- Sí, vengo a recoger el pedido de John y su empleado me ha dicho que no está
- ¡emplea..
- shhhh, calla hijo, lo siento Sr. John, hemos recibido un encargo de un cliente importante y su atún no está disponible, venga el viernes
- No lo creo, mi pedido debe ser recogido hoy mismo
- No va a ser posible
- ¡Lárguese!
- Mi iría, pero a Daniel no le va a hacer gracia
- ¡usted no conoce a Da...!
- Calla, hijo. Mire usted, caballero, siento el malentendido pero me he visto obligado y su pedido de atún rojo no está disponible, pero sus vanas amenazas son en balde, usted no conoce al Sr. Daniel.
- ¿No conozco a Daniel? No personalmente, claro, el señor Daniel X X es un invitado
- Daniel X X... ¡calle y no mencione ese nombre en balde! ¡usted no está a su altura!
- Quizá le suene el nombre de Singleton, Edward James Singleton III
- ¡Usted no es Single...!
- Hijo, ve a casa con tu madre, esto es un asunto de hombres
- Veo que comprende, el señor Daniel X X es invitado del señor Singleton, al que le estoy haciendo un recado ahora mismo. El mismísimo señor Singleton preparará con sus manos el atún que me llevaré dentro de un momento y él y sus cinco invitados, todos de la importancia del señor Daniel X X quedarán complacidos, pues sólo así devienen los almuerzos del señor Singleton.
- Esto... si... claro... puede que yo sea el que esté en un error...
- Esta claro que es así, pero errores cometemos todos, y pueden ser pasados por alto si se corrigen con presteza
- Claro, claro, inmediatamente, además en realidad el Sha de Persia volverá a cumplir 50 años de reinado, con suerte, seguro que no le importa esperar por el pescado
- Atún rojo, de la mejor calidad

(el pescadero entra como una exhalación y sale con un paquete que abre cuidadosamente)

- Espero que esté a su gusto
- Sí, está, ¿cuanto es la cuenta?
- Corre por cuenta de la casa
- En absoluto, esto es una transacción comercial y debe ser respetada y adecuadamente finalizada, incluyendo por su parte un recibo por la compra
- eh... claro claro... un ticket...
- Ha sido un placer realizar transacciones comerciales con usted, me gusta cuando no hay problemas - dice esbozando una sonrisa, ensayada mil y una veces para que no parezca forzada pero el interlocutor lo note
- Si, claro, vuelva cuando quiera
- Lo haré

(más tarde)
Estúpido chiquillo, confundirme con Singleton.... si, yo también soy un Singleton pero es mi padre el importante, por el momento, Edward James Singleton III y yo no adoptaré el IV cuando herede pronto, demasiado rancio, elegiré otro nombre, John Singleton, no, suena a plebe. John St. Francis Singleton, sí, un nombre grande, acorde a las circunstancias mwahahahaha!

El Otro

sábado, junio 16, 2007

La nariz desaparecida

No es que ella se considerase importante, era sólo una nariz. Pero ser nariz tiene su aquel.
Las narices siempre han tenido un papel destacado en la historia, desde Julio Cesar hasta Cirano de Bergerac, pasando por Cleopatra y Katherin Hepburn. Ella no se consideraba mejor, pero tenía su función, ella le aportaba expresividad a una cara.

Además era una nariz curiosa porque era casi inmutable. A su alrededor otros cambiaban según la expresión, pero ella era una nariz inmutable, recta, fina.

Pero llegaron malos tiempos, todo avanza, la tecnología, la gente, el tiempo pasaba muy deprisa para todos y sin comerlo ni beberlo se vio relegada al ostracismo. Sólo un recuerdo que pocas veces se veía.

Su futuro había desaparecido, su destino era ser recordada sólo por la historia.

Aún la podéis ver en algunas películas.

Ella era la nariz que estaba entre dos símbolos.

Larga vida a :-) ¡con nariz!

El Otro

martes, marzo 06, 2007

Horror

Ayer por la tarde noche sufr'i uno de los momentos m'as extraños de mi vida. Sal'i a comprar a una de las pocas tiendas que cerraban despues de las 6 (UK es lo que tiene) me llev'e un polo y una camisa adem'as de algo para la cena.

Como hab'ia comido a las 12:30 ten'ia hambre asi que cen'e a las 8 de la tarde. Luego me puse a leer un rato el 'ultimo libro de Terry Pratchett en castellano (Papa Cerdo - Hogfather). Ahi empez'o todo. Ten'ia puesto The Simpsons en la tele del hotel pero no le prestaba atenci'on, no al menos conscientemente porque poco a poco notaba que la lectura me resultaba m'as y m'as pesada. M'as y m'as dificil. Pod'ia tener algo de sueño, claro, pero esa no era la raz'on, la encontr'e al poco. Estaba enfermo. No f'isicamente, claro. Pero mi mente no est'a a'un preparada para tener la tele en ingl'es como hilo musical y se estaba esforzarndo en reunir toda la informaci'on en el mismo idioma. Como yo no le prestaba atenci'on a la televisi'on se dedic'o a lo que s'i le prestaba informaci'on y de repente me encontr'e a mi mismo leyendo un libro en castellano e intentando traducirlo al ingl'es online. Tarde bastante en darme cuenta. Cuando me di cuenta me dije a mi mismo que estaba muy cansado (habia dormido mal y poco la noche anterior) asi que me acost'e a las 21:00.

Pero ah'i no acab'o todo. Las reminiscencias de semejante experiencia me llevaron a soñar una pesadilla abstracta. Desasosiego. Y entonces son'o la alarma de incendio del hotel. Me levant'e rapidamente en un estado de estress y alarma (redunde la redundancia) muy incomodo. Me urg'ia la prisa por salir de all'i pero tambi'en ten'ia en mente que no deb'ia salir sin el abrigo, los m'oviles o la documentaci'on.

En la escalera me encontr'e con algunos españoles, mi cara deb'ia ser un cuadro porque me preguntaron que como estaba, argument'e que me hab'ia acostado pronto y me hab'ia despertado la alarma. Mi cabeza a'un pensaba que estaba en medio de la pesadilla abstracta y probablemente bilingue en la que me hab'ia metido un rato antes.

Finalmente nos dijeron que era una falsa alarma y que pod'iamos volver a la habitaci'on. Me lav'e la cara y me sent'e un rato a relajarme. Tom'e un poco de fruta y me ech'e a dormir. El resto de la noche no ha sido tan mala pero ni mucho menos reparadora. Mientras no sea el augurio de algo peor...

El Otro

jueves, febrero 08, 2007

Cortar, Desgarrar, Despedazar

Y eso que sólo eran cajas de cartón.

Ayer hice un poco de limpieza de cosas que antaño fueron útiles y posteriormente inútiles pero que conservaba por apego.

Lo primero que tiré fueron las guías telefónicas, del 2004, 2005 y 2006. Me quedé sin ninguna a falta de que me lleguen las de 2007, total todo lo consulto por Internet...

Lo siguiente que tiré fueron los apuntes de la carrera que me quedaban, me quedé sólo con los apuntes de programación funcional.

Y luego vinieron las cajas, la caja de la tele (me podía meter dentro sin problemas), las del home-cinema (sólo un poco más pequeña) la del lector de DivX viejo y la del nuevo, la de la aspiradora, la plancha y alguna más.

Lo primero que hice fue sacar la sierra de metal (la única que tengo) e ir desmembrando poco a por las grandes tapas, los laterales, el fondo. Por un momento sentí lo que podría sentir un asesino en serie deshaciéndose de un cadáver (de mujer, claro, puestos a ser maníaco que sea sexual) e imaginando lo que mancharía la sangre, salpicando por todos sitios.

Luego guardé la sierra de metal, porque había pensado en conservar alguna de las cajas pero me dije a mi mismo que si me iban a encerrar por la muerte de las cajas y al fin y al cabo estorbaban que ya me podía deshacer de todas. Así que NO volví a por la sierra, decidí hacerlo por fuerza bruta. Desplegué mis bíceps, agarré cada parte de una caja con una mano y tiré con fuerza. Se desmembró. Repetí la acción, una y otra vez, hasta que quedé saciado, todas las cajas rotas. Bueno todas no, quedaba una, un reducto de irresistible caja que no cedía a la dominación romana.

La desfondé de un puñetazo. Ya que me había puesto a dar rienda suelta a mis más bajos instintos destructivos (de cajas, se entiende) la coloque en una posición en la que podía golpearla con todas mis fuerzas sin tener obstáculos detrás y sin que se moviera. Mi puño la atravesó con fuerza.

Luego contemplé mi obra y la organicé, claro. Por un lado el cartón, por otro lado el poliespan protector, por otro lado las bolsas. Me hice con un transporte, algo que difícilmente pudieran relacionar conmigo, podría haberlo usado cualquiera, un carrito de supermercado que hay en el garaje. Lo llené de los restos. Bajé a la calle y tiré el cartón al contenedor de reciclaje de papel y cartón. Hice un segundo viaje porque los restos de mis víctimas eran abundantes, deposité el poliespan y las bolsas en la zona de reciclaje de envases. En estos momentos pensaba en que pensarían de mí la gente que me viera, pero no me importaba mucho. Yo no era un criminal, ellas se lo merecían, hacían odiosa mi vida en esa habitación.

Finalmente y con tranquilidad me lavé las manos y me hice la cena, apenas le eché un vistazo a la habitación, ahora medio vacía. El trabajo no estaba terminado, quedan pruebas, restos minúsculos. Dicen que en el escenario de un crimen hay docenas de pruebas que delatan al asesino y que el más meticuloso de los criminales apenas es consciente de diez o veinte de ellas. No aspiro a que el CSI no me encuentre culpable, aspiro a que no me relacione con todas esas cajas de cartón, apuntes, guías de teléfono. ¿Qué juez emitiría una orden de registro con esas pruebas?

Luego, vi la televisión como cualquier otro día y me fui a dormir. Creo que la descarga de adrenalina me ha hecho llevar mejor el atascazo de esta mañana, si no hubiera sido así ¿quien sabe lo que habría podido pasar hoy?

El Otro

lunes, diciembre 25, 2006

La muerte de Lord Harold de Uxbridge (escena IV)

- Mi señor Villon, otro percance, me temo.
- ¿Singleton? Jean Jacques... creía que mis instrucciones eran adecuadas.
- Sí señor, pero no se trata de él, ha sido otro, más antigüo, ha ocurrido algo cuyas connotaciones políticas no me atrevo a atisbar...
- Se claro y conciso, ya tengo suficientes estatuas de sal en el patio.
- Encontramos una bufanda blanca y restos muy antiguos en el Louvre.



- ¿Como de antiguos?
- Sólo cenizas, mi señor Villon. Al menos un milenio.
- Santo Da Vinci...
- Sea quien fuere se expuso a la luz del sol bajo la cúpula del Louvre, rodeado de gente, sin embargo nadie se percató de su presencia.
- ¿Alguno de los nuestros?
- Varios, pero ninguno miente, nadie se percató, de hecho las cenizas las encontró dos horas más tarde un guardia de seguridad, nadie siquiera intentó apropiarse de la bufanda.
- ¿Seguisteis el rastro emocional de la bufanda?
- Sí, señor. Sólo se había usado una vez antes, en la Iglesia de St. Germain...
- ... justo al lado del Louvre...
- Sí, señor. Rezó allí antes del amanecer.



- ¿Qué más habéis averiguardo?
- Al final sabemos quien era, dejó otra pista, le vieron dibujando Notre-Dame unas horas antes, dejó una colilla como último rastro para nosotros.
- ¿Estas seguro, Jean Jacques?
- Sí mi señor Villon, la dejó para nosotros, gracias a ello le relacionamos con su verdadera identidad.



- Ahora responde con claridad, ¿quién?
- Lord Harold de Uxbridge, señor.
- Se había retirado...
- Sí mi señor, y parece que ahora sabemos la razón.
- Buscad un tremere de confianza, rápido
- ¿Señor?
- Que analice toda la información referente a la visita de Lord Harold, horas y números de vuelos, dirección del hotel, fecha, alineaciones astrales, TODO, y que se haga rápidamente.
- Como deséeis...
- Y que el estudio me llegue cerrado y lacrado, es la señal de algo mucho mayor.... como diría el propio Lord Harld "Espero que no sea demasiado tarde, sr. Newton"

El Otro

miércoles, diciembre 20, 2006

La marca de la bestia (Escena III)



E vendrá el tempo del maligno,
e será marcado con la mancha,
su mano mancillará lo sagrado,
e romperá el sello que hace el tercero,
non huyáis non hai salvación,
ora a Dios e salva tu alma,
cuando oigas las campañas tañer.

El Otro
("Enmanuel" famosa campana de 13 toneladas de Notre Dame de Paris)




Gracias sean dadas a 'Los Otros' pues han puesto vigilancia y seremos alertados antes de sellar nuestro destino.

lunes, diciembre 11, 2006

Siempre nos quedará Paris (Escena I)

- Que pequeño es el mundo Dr. Jones
- Demasiado pequeño para los dos
- Esta es la segunda vez que tengo que reclamarle lo que es mío
- Eso pertenece a un museo
- Usted también, Dr. Jones


Paris día 1. Al fondo "Sacre Coeur" el punto más alto de Paris.



Llovía, compramos paraguas nuevos, los anteriores sucumbieron a la mañana después de la torre Eiffel.
Llovía, compramos souvenirs, al fin y al cabo aún soy un turista del mundo, del viejo y glorioso mundo.
Llovía, con mi sombrero y la bolsa bandolera a un lado sólo podía imaginar una imagen, Indiana Jones en el barco, enfrentándose a Panama Hat por la cruz de colorado. Yo no tenía barco, no tenía a dos secuaces agarrándome en la tormenta. Pero la lluvia y el sombrero me hicieron ver la escena.


Durante el resto de la semana Paris se convertiría en mi mayor escenario.



El Otro

(corrected on 12/12 = 1, 17:40 = 0,425)

martes, diciembre 05, 2006

La visita de Singleton

- Señor, hemos fracasado, no hemos podido capturar a Singleton
- Iluso, vuestra misión no era capturarle ¿ha habido bajas?
- Ninguna, hemos sido afortunados
- No es fortuna, era su señal
- ¿una señal?
- Si, hay que mandar la respuesta, que su vuelo se retrase exactamente 17 minutos y que aparezca así en las pantallas
- Mi señor Villon…
- Tranquilo Jean Jacques, él se ha sentido como en casa y vosotros habéis hecho bien vuestro trabajo, entenderà el mensaje, ahora preparaos comienza la lucha
- ¿lucha señor?
- Piensa un poco, ¿porque un vástago como Singleton, un fugitivo, visitaría Roma, Londres y Paris el mismo año? Ademas Ulug Beg estarà perfectamente enterado
- Es temerario si…
- No es temeridad, ha habido una votación, comienza una nueva era, ahora la camarilla será la que contraataque
- ¿guerra abierta?
- Cruzada hijo mío, y el grupo 666 son nuestros nuevos templarios
- Dios nos asista…
- Dejemos a Dios, pero harías bien en poner tu alma en paz
- Señor…
- Déjame, estaré en el D’Orsay preparándome

lunes, diciembre 04, 2006

Lo que se queda en Paris

- Dejad vuestro corazon aqui
- Pero si ya he pagado la entrada
- esa es la entrada del mundo material, pero no la del mundo espiritual
- ... no sabia...
- lo sabeis desde que habeis mirado las cristaleras
- es cierto, podre recuperarlo?
- nunca completamente, pero podeis llevaros una parte y sustituir la falta por el recuerdo
- como puedo hacerlo?
- solo prometiendo que hareis todo lo posible por volver
- lo sentia en mi corazon
- por eso una parte se queda aqui, es la propia voluntad del corazon



(vidrieras de La Santa Capilla)

jueves, agosto 24, 2006

Más allá del suelo técnico

(frase acuñada tras dos botellas de vino, Black Horse, 23/08/2006)

[Fase 1: llamada al banco]

Ring ring

Ring ring

Servicio de atención al cliente del banco xxxx todos nuestros operadores se encuentran ocupados en este momento, por favor espere, usted es un cliente importante para nosotros.

(hilo musical de fondo)

Su petición será atendida en breves momentos.

(hilo musical de fondo)

- Buenos días, le atiende María, ¿en que puedo ayudarle?

- Mire es que estoy viendo por Internet los cargos en mi tarjeta de crédito y hay uno de ellos que no me cuadra

- ¿Podría decirme su nombre?

- Mi nombre es Benito

- ¿Puede darme su número de carnet de identidad?

- El 12345678

- ¿y los 4 últimos números de la tarjeta de crédito para la que desea hacer la consulta?

- 2541

- Espere un momento, voy a consultar el sistema, no cuelgue

(hilo musical de fondo)

- Sigo consultando el sistema, no cuelgue por favor, perdone por la espera

(hilo musical de fondo)

- Sr. Benito, ya tengo los datos, ¿Qué movimiento es el que desea consultar?

- Mire, el día 21 de Agosto, un cargo de 699€ de Almacenes Centrales.

- Si, efectivamente consta un cargo en su cuenta por ese importe ese día. ¿Cuál es el problema?

- Que yo no he realizado esa compra.

- ¿Tiene usted la tarjeta de crédito?

- Si

- ¿Puede haberla utilizado otra persona sin su conocimiento?

- No

- Dígame las tres últimas cifras que aparecen impresas en la parte posterior de su tarjeta.

- 943

- Pues nos consta que la transacción ha sido autorizada por el comercio debería usted consultar con ellos. Si lo desea puede abrir una reclamanción con VISA.

- Bueno, consultaré con ellos y les volveré a llamar.

- De acuerdo Sr. Benito, ¿desea hacer alguna operación más?

- No gracias, buenas tardes.

- Buenas tardes y gracias por su llamada.

[Fase 2: llamada a Almacenes Centrales]

Ring ring

- Almacenes centrales dígame.

- Buenos días, llamaba porque tengo un problema con una compra que alguien ha realizado en su tienda con mi tarjeta de crédito.

- Un momento le paso con Atención al cliente

(hilo musical cutre de fono)

- Atención al cliente, le habla Rosi, dígame que desea

- Buenos días, llamaba porque alguien ha utilizado mi tarjeta de crédito para hacer una compra en su tienda.

- ¿Y cuál es el problema?

- Que yo no he comprado nada y ustedes me lo han cobrado.

- ¿No ha comprado nada?

- No

- ¿Y no le ha dejado la tarjeta de crédito a nadie?

- No

- A ver, dígame su número de pedido.

- No tengo número de pedido, yo no he comprado nada

- Pues sin número de pedido no puedo consultar el sistema

- ¿Y con el número de la tarjeta de crédito?

- Si con el número de la tarjeta de crédito sí.

- El número es: 1234 56478 9012 2541

- Voy a ver

- Vale

- Sí tiene usted una serie de compras realizadas con su tarjeta ¿Cuál de ellas es?

- Es la del día 21, una de 699€

- Si, ya la veo, aún no se la han entregado ¿quería cambiar la fecha de entrega?

- No señorita. Lo que pasa es que esa compra no la he hecho yo.

- Pues aquí consta que sí

- Ya lo sé, y ustedes la han cargado en mi cuenta

- Claro porque usted lo ha comprado

- No, yo no he comprado nada ¿no tienen ustedes la factura con la firma o algo para saber quien ha sido?

- Déjeme mirar, espere un momento.

- Si, espero

- Ya lo he encontrado. Ha sido una compra electrónica. La hicieron el día 21 de Agosto a las 03:30 am. Ha comprado usted una secadora.

- ¿A las 03:30 am? ¿una secadora? ¿y para que quiero yo una secadora?

- No lo sé señor.

- ¿Una compra electrónica?

- Si señor.

- ¿Y lleva algún tipo de identificación?

- Si, le puedo decir el nombre del ordenador desde dónde se hizo.

- Dígamelo

- El ordenador era: “BOSH 649H No Frost”

- ¿Cómo dice?

- Aquí pone “BOSH 649H No Frost”

- Eso no es posible, ese es mi frigorífico.

- Claro que no es posible.

- Claro, porque el frigorífico sólo me hace la compra de la comida, cuando falta algo.

- ¿Perdón?

- Si, tengo un frigorífico que le programo la compra y la hace automáticamente cuando falta algo.

- Pues se habrá equivocado y le ha puesto que compre una secadora.

- ¿Para que quiero yo una secadora?

- No lo sé señor, pero aquí consta que su frigorífico ha comprado una secadora el 21 de Agosto a las 03:30 am

- No me lo puedo creer

- Si, lo pone aquí

- Si ya, lo siento señorita. ¿Puedo anular la compra?

- Como usted… su frigorífico… usted ha pagado con VISA sólo puedo anular el envío y reclamarle a VISA que rechace el cargo. Yo le envío un justificante con la cancelación.

- Hágalo gracias.

- Gracias a usted por su llamada Sr. Benito.

(risas de fondo en la oficina de Atención al cliente de Almacenes Centrales)

Un rato después, tras recuperarse de la impresión.

[Fase 3: llamada otra vez al banco]

Ring ring

Ring ring

Servicio de atención al cliente del banco xxxx todos nuestros operadores se encuentran ocupados en este momento, por favor espere, usted es un cliente importante para nosotros.

(hilo musical de fondo)

Su petición será atendida en breves momentos.

(hilo musical de fondo)

- Buenos días, le atiende Luisa, ¿en que puedo ayudarle?

- Quería rechazar un cargo realizado en mi tarjeta de crédito

- ¿Podría decirme su nombre?

- Mi nombre es Benito

- ¿Puede darme su número de carnet de identidad?

- El 12345678

- ¿y los 4 últimos números de la tarjeta de crédito para la que desea hacer la consulta?

- 2541

- Espere un momento, voy a consultar el sistema, no cuelgue

(hilo musical de fondo)

- Sigo consultando el sistema, no cuelgue por favor, perdone por la espera

(hilo musical de fondo)

- Sr. Benito, ya tengo los datos, ¿Qué movimiento es el que desea rechazar?

- El cargo de 699€ de Almacenes Centrales, del día 21 de Agosto

- ¿Cuál es el motivo de su reclamación?

- Quiero rechazar el cargo, tengo un justificante de la tienda que dice que no me hacen la entrega.

- De acuerdo señor, pero debe indicar el motivo del rechazo del cargo.

- Bueno. Ponga que mi frigorífico se ha enamorado de la lavadora y le ha comprado una secadora como regalo.

- ¿Perdón?

- No pregunte, señorita, no pregunte.



Moraleja: Nunca le de su número de VISA al frigorífico ni a la tostadora, se suelen sentir muy solos.
El Otro